El beisbolista Lou Gehrig fue una prueba viviente de la superación y la tenacidad.

Nuestro pasado ni nuestro origen humilde nos determinan. Puede que hayan sido circunstancias difíciles, pero no determinan que nos quedemos estancados para siempre. Es una decisión nuestra, seguir en una situación difícil o sobreponernos a las adversidades y salir victoriosos, con ayuda de Dios.

Permítame ilustrar el asunto con una historia.

Heinrich Ludwig "Lou" Gehrig nació en Nueva York en 1903, en el seno de una humilde familia de inmigrantes alemanes.

Su infancia estuvo marcada por la escasez y la tragedia, siendo el único de cuatro hermanos en sobrevivir a los primeros años de vida.

Su madre trabajó incansablemente lavando ropa y limpiando casas para sustentar el hogar, infundiéndole un profundo sentido del deber y la perseverancia.

Fue precisamente esa férrea disciplina la que modeló el carácter del joven Gehrig, quien jamás faltó a un día de clases ni a un compromiso deportivo.

Como nos recuerda la Escritura:

"La mano de los diligentes dominará; más la negligencia será tributaria" (Proverbios 12:24)

Su entrega constante demostró desde temprano que la dignidad no proviene de la cuna, sino de la ética y la fe con la que se abraza cada jornada.

DEL FRACASO A LA VICTORIA

Esa inquebrantable ética de trabajo rindió frutos extraordinarios cuando firmó con los Yankees de Nueva York.

Apodado "El Caballo de Hierro" (The Iron Horse), Lou Gehrig construyó una carrera deportiva monumental: conquistó seis Series Mundiales, obtuvo la Triple Corona de bateo en 1934 y estableció la histórica racha de 2,130 partidos jugados de forma consecutiva.

A través de su constancia e integridad, glorificó el talento que le fue dado. Se convirtió en un pilar para su equipo y en un faro de esperanza para una sociedad golpeada por la Gran Depresión.

Sus victorias eran el reflejo de lo expuesto en Colosenses 3:23:

"Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres".

Sin embargo, el verdadero calibre del alma suele revelarse en el crisol de la prueba.

En 1939, al comenzar a perder el control sobre su cuerpo debido a una devastadora enfermedad neurodegenerativa —que más tarde llevaría su nombre (ELA)—, Gehrig enfrentó el dolor con una resiliencia impresionante.

Lejos de ceder ante el desaliento o la amargura, aceptó el abrupto final de su carrera con una disposición ejemplar para seguir adelante con dignidad espiritual.

Esta entereza interior hace eco de las palabras de Pablo en 2 Corintios 4:8-9:

"Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos".

El 4 de julio de 1939, en un memorable discurso de despedida ante un estadio repleto, Gehrig conmovió al mundo al proclamarse "el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra", eligiendo la gratitud por el amor y las bendiciones recibidas por encima de la tragedia que azotaba su salud.

Su vida trasciende el béisbol para recordarnos que el valor de un ser humano no estriba en los trofeos terrenales, sino en la templanza y el testimonio de fe mantenidos hasta el último aliento.

Como nos enseña el apóstol en la carta de Santiago 1:12:

"Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya sido probado, recibirá la corona de vida".

El legado de Lou Gehrig permanece como una lección imperecedera de cómo la luz de la gracia y la resiliencia prevalecen aun en medio de la flaqueza física.

ACÓJASE A LA GRACIA DE DIOS

No podría despedirme sin antes invitarle para que se acoja al amor de Dios, expresado en Su GRACIA.

¿Qué es GRACIA? Es el perdón de pecados a todo aquél que se arrepiente.

Aun cuando merecíamos la condenación eterna por nuestra maldad, el Señor Jesús vertió su sangre preciosa en la cruz y, desde el Gólgota, nos limpió de una vez y para siempre.

Nos libró de la condenación eterna.

Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y teólogo. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y, desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial. @Devocionales365

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