Cuando vienen los momentos difíciles debemos depositar nuestra confianza en Dios.

Admitámoslo. Hay días en los que el alma se siente exactamente como una mujer sentada en una cafetería: el cuerpo está allí, rodeado de personas y de la rutina cotidiana, pero la mente está lejos, atrapada en pensamientos que generan temor e incertidumbre.

Miedos e incertidumbre que no siempre gritan, pero susurran constantemente: “¿Y si falla?”, “¿Y si no alcanza?”, “¿Y si este problema no tiene salida?”. Temores que nos asaltan a diario y que, si los dejamos, pueden robarnos la paz y la capacidad de vivir plenamente el presente.

Permítame citar a una autora española a la que leo con frecuencia:

“… a veces el día a día se nos termina haciendo una bola. Nos sentimos perdidos, nos acecha el miedo al futuro, nos sobrepasan las obligaciones, nos cuesta entendernos con los demás, es difícil tomar decisiones… Seguro sabes de qué te hablo…” (Ana Pérez, psicóloga y escritora)

¿Interpreta como se siente con frecuencia? ¿Por qué debemos superar esos días? ¿Cómo hacerlo?

Para superar esos períodos críticos debemos confiar en Dios.

Dios tiene el control de todas las circunstancias; por ese motivo, debemos confiar en Él.

La confianza no es un sentimiento que esperamos sentir; es una decisión que tomamos a pesar de lo que sentimos. El Señor no nos pide que neguemos el miedo, sino que lo entreguemos.

Como dice el salmista:

«Cuando tengo miedo, confío en ti. En Dios, cuya palabra alabo, en Dios confío y no temo. ¿Qué puede hacerme un simple mortal?» (Salmo 56:3-4).

Confiar es mirar más allá de lo que vemos y aferrarnos a Quien sí tiene el control. Dios escucha nuestro clamor y cambia el curso de la historia a nuestro favor cuando es necesario. Ese es el Padre amoroso que cuida de nosotros.

Porque Dios nos ama y comprende nuestro sufrimiento.

No estamos ante un Dios distante que observa desde lejos.

Él conoce cada agonía del corazón humano. Jesús mismo experimentó angustia profunda en Getsemaní. Por eso podemos acercarnos con confianza como recomienda el apóstol Pedro:

«Echen sobre él toda su ansiedad, porque él cuida de ustedes» (1 Pedro 5:7).

Y también anota el salmista:

«El Señor está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los de espíritu abatido» (Salmo 34:18).

Nuestro dolor no le es indiferente. Él lo entiende y lo sostiene.

No podría concluir sin antes animarle a acogerse a la GRACIA de Dios en la cual encontramos perdón de nuestros pecados, por la obra redentora de Jesús, y además, vida eterna.

Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y teólogo. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y, desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial.

Escuche el Programa Vida Familiar con Fernando Alexis Jiménez.

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