“Cuando decimos que la disciplina nos salva, en parte nos salva de nosotros mismos.  Nos salva de nuestra pereza o de nuestra debilidad. Con la misma frecuencia nos salva de nuestras ambiciones, excesos, el impulso a ser duros con nosotros mismos o con los demás” (Ryan Holiday. Libro “La disciplina marcará nuestro destino”)

La disciplina en nuestra vida nos permite corregir errores y avanzar, prendidos de la mano de Dios.

Disciplina, una palabra pequeña, pero poderosa. ¿Por qué? Porque ayuda a moldear nuestro carácter, nuestra forma de pensar y de actuar.

Nos permite ser disciplinados en dedicar tiempo a nuestro propio cuidado físico o espiritual. Al cuidado de la familia. Al cuidado de la relación con el cónyuge y con los hijos.

La disciplina nos permite perseverar en cultivar nuestra relación con Dios. En tomar tiempo diariamente para hablar con el Padre celestial en oración. A leer y meditar en Su Palabra.

La disciplina nos lleva siempre más lejos. Abre puertas para fijarnos metas y dar pasos sólidos para alcanzarlas.

La Biblia nos habla de la importancia de la disciplina en pasajes como Proverbios 25:28.

“Una persona sin control propio es como una ciudad con las murallas destruidas.”

Escribiendo a su discípulo, Tito, el apóstol Pablo resaltó la disciplina como una de las virtudes o cimientos de la vida cristiana:

“Debe vivir sabiamente y ser justo. Tiene que llevar una vida de devoción y disciplina.” (Tito 1: 8 | NTV)

Acójase hoy a la GRACIA de Dios. Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo, el Señor.

Y al referirse al fruto del Espíritu Santo, el autor sagrado anota:

"En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!" (Gálatas 5:22-23 | NTV)

Es evidente entonces, que el control de lo que hacemos, con juicio, sobriedad y serenidad, nos permite avanzar en todos los niveles: persona, espiritual y familiar.

Por supuesto, no es fácil porque la carne es muy permisiva y solo quiere avanzar sin mayor esfuerzo. Sin embargo, es posible cuando rendimos nuestra vida a Dios.

A propósito de Dios, no podría despedirme sin antes hablarle de la GRACIA divina. Es la demostración del amor ilimitado que el Padre nos tiene.

Aun cuando nuestra maldad demandaba que muriéramos y recibiéramos la condenación eterna, envió a Su Hijo Jesús a morir por nuestros pecados.

En la cruz, nuestro Salvador vertió su sangre preciosa para traernos perdón de pecados y vida eterna.

Acójase a la GRACIA divina

Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y teólogo. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y, desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial.

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