Rinda en manos de Dios todas sus preocupaciones.

Un problema con el que diariamente libramos tremendas batallas, es con nuestros diálogos internos. Esos pensamientos que se tornan obsesivos, que nos roban la paz interior y nos impiden avanzar. Bien sea que recordemos los equívocos del pasado por los que arrastramos una enorme carga de culpa o la ansiedad por lo que ocurrirá mañana.

Hay un pasaje de una novela clásica, en la que se describe al personaje principal, Winston, enfrentando la ansiedad por sus pensamientos.

“Sentía una casi invencible tentación de gritar una sarta de palabras. O de golpearse contra las paredes, de arrojar el tintero por la ventana, de hacer, en fin, cualquier acto violento, ruidoso, o doloroso, que le borrara el recuerdo que le atormentaba”. (George Orwell, 1903-1950. Novela “1984”)

Los diálogos internos no están mal, sin duda; son previsibles en nuestro procesamiento mental diario.

El problema estriba en permitir que tomen el control y nos roben la paz interior.

Si lo permitimos, llegan a generar imposibilidad para lograr tranquilidad y sosiego, y nos impiden avanzar, tomar decisiones avanzadas y experimentar una vida gratificante.

Cuando vamos a la Palabra de Dios, encontramos un consejo que ha millares de personas les ha rendido resultado: entregar nuestros motivos de preocupación en manos de Dios.

En esencia, comenzar a cambiar nuestros esquemas de pensamiento.

Nuestro amado Salvador dijo a sus discípulos y a nosotros hoy:

«La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.» (Juan 14:27 | RV 60)

Cuando lo asalten pensamientos destructivos, enfóquese en Jesucristo y en esa realidad maravillosa: nos trae paz si confiamos plenamente en que Él tiene el control de todo y de todos.

De hecho, fue nuestro Redentor quien dijo:

«Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.» (Juan 16:33 | RV 60)

No permita que esos diálogos internos—los pensamientos obsesivos y dañinos—le sigan atormentando la vida.

Entregue todo su ser en manos de Dios. Él sabe qué hacer en cada circunstancia y llevarlo a disfrutar de paz interior.

No podría despedirme sin antes hablarle de la GRACIA de Dios. GRACIA es el amor, perdón y misericordia del Señor por todos nosotros.

Por GRACIA, perdona todos nuestros pecados en respuesta a un sincero arrepentimiento. Jesús nuestro Salvador ocupó el lugar que debíamos ocupar nosotros en el Calvario.

Con su sangre preciosa, vertida en la cruz, limpió nuestra maldad del pasado y del presente.

Aprópiese de la GRACIA divina.

Ábrale hoy las puertas de su corazón a Jesucristo.

Fernando Alexis Jiménez es periodista, escritor y teólogo. Sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y, desde el 2016, dirige y enseña en el Instituto Bíblico Ministerial. @UnCafecitoConDios  

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