En El príncipe feliz, del escritor, Óscar Wilde (1854-1900) es un relato vivo que ilustra, con historia aparentemente sencilla, pero profundamente humana, lo que es y significa la generosidad y el impacto que genera en las personas.

Trata sobre la estatua del príncipe, cubierta de oro y piedras preciosas, que descubre desde las alturas el sufrimiento de quienes viven en medio de la pobreza, la enfermedad y la soledad.

Y aunque ya no puede caminar entre ellos, decide desprenderse de todo cuanto posee para aliviar su dolor.

Una pequeña golondrina será su compañera en ese acto de entrega.

LA GENEROSIDAD EN EL CRISTIANO

Desde una perspectiva cristiana, esta historia permite reflexionar sobre una verdad hermosa: la generosidad humana, aun siendo limitada e imperfecta, puede mostrarnos algo de la bondad que Dios ha puesto delante de nuestros ojos.

El príncipe comienza a mirar de una manera diferente cuando deja de contemplarse a sí mismo y dirige sus ojos hacia quienes sufren.

La verdadera compasión siempre nos mueve a salir de nosotros mismos.

Sin embargo, el Evangelio nos lleva todavía más lejos.

La generosidad humana puede ser admirable, pero la gracia de Dios es infinitamente mayor.

Nosotros no somos quienes primero buscamos a Dios; es Él quien, en su misericordia soberana, viene a nuestro encuentro. No damos para comprar su amor: damos porque hemos recibido una gracia que no podíamos merecer ni pagar.

Como enseña la Escritura, «por gracia sois salvos por medio de la fe» (Efesios 2:8).

El príncipe feliz termina despojado de aquello que hacía hermosa su apariencia, mientras la golondrina entrega incluso su propia vida.

APRENDER A SOLTAR PARA BENDECIR

Hay aquí una imagen que, aunque no pretende ser una alegoría cristiana, puede llevarnos a pensar en Cristo, quien «se despojó a sí mismo» y asumió la condición de siervo (Filipenses 2:7).

La diferencia es fundamental: el sacrificio de Cristo no es solamente un ejemplo de generosidad; es la obra redentora mediante la cual Dios salva a pecadores por pura gracia.

Quizá esa sea una de las preguntas que Wilde deja flotando en las páginas de su cuento: ¿qué hacemos con lo que hemos recibido?

El cristiano puede responder desde el Evangelio: todo lo que tenemos lo hemos recibido de Dios, y la gracia recibida nos llama a convertirnos en instrumentos de gracia para otros.

La generosidad no compra el favor de Dios; es, más bien, uno de los frutos que pueden brotar de un corazón alcanzado por su misericordia.

Acójase a la GRACIA de Dios. Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.

Fernando Alexis Jiménez, periodista, escritor y teólogo.

Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas y desde el 2016 es director del Instituto Bíblico Ministerial.

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