“También les digo lo siguiente: si dos de ustedes se ponen de acuerdo aquí en la tierra con respecto a cualquier cosa que pidan, mi Padre que está en el cielo la hará. Pues donde se reúnen dos o tres en mi nombre, yo estoy allí entre ellos.” (Mateo 18; 19, 20 | NTV)

Imagínese por un instante un hogar que, después de haber sido un caos, de pronto experimenta cambios y entendimiento entre los cónyuges y en la relación de padres e hijos.

O quizá el hombre que lleva meses buscando empleo y de pronto, cundo menos lo espera, alguien lo llama a ofrecerle empleo.

¿Y qué decir de la familia a la que le han negado créditos de vivienda en todas partes y, cuando menos lo pensaban, les llaman de una entidad bancaria para ofrecerles una promoción de préstamos con buenas tasas de interés?

El listado puede ser muy extenso.

Lo que marca la diferencia y define un antes y un después, es la oración a Dios. El eje fundamental es que el Padre escucha y responde con poder.

Hay poder detrás de la oración.

El curso de la historia puede cambiar en su vida y en la relación familiar.

El expositor y autor cristiano, Bill MacCartney, anota:

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“Piadoso es el hombre que depende de Dios y expresa esa dependencia en su vida de oración.  Solo los hombres de oración podrán acceder al poder necesario para efectuar cambios en ellos mismos y potenciar al máximo sus capacidades para impactar a otras personas.” (Libro: “Lo que Dios hace cuando los hombres oran”)

El ejemplo debemos darlo en casa los hombres. Ser los primeros con disposición de ir con humildad a la presencia del Padre.

Orar. Hacerlo con perseverancia. Con fe.

Su vida personal y familiar puede ser distinta, desde hoy, por medio de la oración diaria.

No podría despedirle sin antes invitarle para que se acoja a la GRACIA de Dios.

GRACIA es perdón de pecados para todo aquél que ha pecado y se arrepiente, sin que un pasado oscuro y de maldad sea lo que impida recibir el amor perdonador del Padre.

Jesús nuestro Salvador murió en la cruz por nuestros pecados.

Nos limpió con Su sangre preciosa.

Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.

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